El hada muerta

Era el año 1979.  Mi padre había decidido dejar de pertenecer a la empresa cosmética en la que trabajaba como jefe de ventas e independizarse.  Lo motivaba su afán de superarse, pero lo apuraba una nota que le habían dejado los del sindicato.

Mi padre quería hacer por su cuenta lo único que sabía hacer:  vender, y le parecía que vender jabones era una buena idea. Para llevar a cabo la empresa, buscó un predio donde instalar la fábrica y encontró un terreno adecuado en Sarandí, un área virgen en una zona desfavorable y sin servicios, a pocos metros de uno de los canales que atraviesan el sur del conurbano y desembocan en el Río de la Plata.

De tanto merodear la zona mi padre conoció a un paisano, el dueño de un rancho vecino al que llamaba Marchesi.  El lugareño recibía a mi padre cuando llegaba y lo acompañaba en sus excursiones al terreno, un poco por cortesía de vecindad y otro poco, quizás, por la esperanza de conseguir una changa oportuna, al lado de su casa.

La tarde de los muertos era limpia y soleada. Marchesi y mi padre caminaban por el campo y yo me aburría.  De algún lado salió la hija, una chica de cara olvidada y edad indecible, una nena alta y borroneada. Ella me invitó a visitar el canal a ver pasar el agua. Con ella nos alejamos juntas.

Me senté a la vera del canal decepcionada, el agua era verdosa y no corría como el arroyito que yo esperaba ver;  a la derecha se perdía recto unos mil metros hasta la desembocadura del gran río, a la izquierda se iba por debajo de puentes hacia el centro de la ciudad.

En un ancho fijo de unos diez metros flotaban maderas, quizás alambres,  un sachet de leche, un vaso de yogurt.  Encontré una caña semi podrida y me pareció genial para tocar el agua,  podría enganchar algún objeto…

Y busqué con la mirada… hacía la izquierda vi algo blanco que llamó mi atención, ¿un perro muerto? ¿un animal de pelo largo? Me puse de pie y di unos pasos, estiré la caña para agitar el agua y vi la cara de perfil con los ojos cerrados.  Una mujer flotando, un hada muerta…

¡Qué hermosa! ¡qué blanca! ¿es la blancura de la muerte o es la blancura de una raza? cabello largo, fino y muy rubio, tanto, que mojado se ve beige clarito.  Me recuerda a la protagonista de Nazareno Cruz y el lobo y creo escuchar las risas de la anciana…bella y monstruosa.  Qué pena tan grande,  ¡pobre hada! ¡está sucia! ¡está ahogada!. Corrí hacia atrás buscando a la niña borrosa, volvimos apuradas pero ella tampoco supo qué hacer así que nos sentamos a mirarla.

Allá hay otro, me dice, y señala a la derecha. Un trecho en dirección al gran río y estaba él, o su espalda musculosa. Sólo se veía la espalda. Empecé a sentir miedo y el canal se me volvió repulsivo.

No recuerdo los minutos que le siguen, un pantallazo en el que le tiro de la manga a mi padre para que me escuche, una carrera de vuelta hacia el lugar, mi padre me sigue caminando, menea la cabeza, está preocupado.

Un tiempo después estoy sobre el puente mirando a los bomberos. Hay más gente, unos pocos curiosos. A ella la levanta con sumo cuidado un bombero viejo, la carga como se llevan a la princesas, en brazos,  la acuesta suavemente en la caja de un camión, le acomoda los brazos, las piernas y el pelo.  Yo la veo desde arriba del puente, y me quedo impactada de su desnudez, de sus curvas, de su púbis. El bombero viejo no da tiempo a morbosidades, se quita la campera azul y la tapa cuidadosamente, desde la cabeza hasta las rodillas.  A él, que también está desnudo, lo traen entre tres hombres y lo acuestan boca abajo, con un papel del diario le cubren los glúteos.

Se han ahogado, es la versión oficial. Y también la versión infantil, “para no dañar la inocencia”.

Esa noche inventé una historia fantástica y romántica que terminaba en un trágico suicidio.

Pocos años más tarde me enteré que los que se mueren ahogados se inflan y se ponen verdes o azules. Entonces, el hada era blanca porque no había muerto ahogada, y si los dos no se habían arrojado al río después de hacer el amor es porque habían muerto antes, y si se mataron antes, no pudieron arrojarse al río.

Al hada la mataron.  A los dos los mataron y los arrojaron al rio, los arrojaron al rio para que desaparezcan pero el rio no los quiso y los devolvió al canal para que yo los encontrara.

Ellos no son desaparecidos. El hada y su compañero están muertos.

Anuncios

5 comentarios sobre “El hada muerta

    1. Gracias Norita, eso mismo pensé yo en los primeros tiempos. Muchos años después, avanzados los 80, empecé a creer que eran víctimas del terrorismo de estado, pero nunca lo voy a saber.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s